junio 14, 2024

En 1997, en medio del rugido incesante de la guerra civil argelina, Omar bin Omran, un joven de 17 años, desapareció sin dejar rastro. La última vez que se lo había visto, caminaba hacia un centro educativo cercano en Djelfa. El conflicto, que envolvía a Argelia en una espiral de violencia entre el gobierno y los grupos rebeldes islamistas, había dejado un rastro de sangre y desesperación. La familia de Omar, como tantas otras, asumió lo peor: que él había sido víctima de la brutalidad del conflicto.

Guerra y desesperación

La guerra civil argelina, que se extendió durante toda una década, fue un periodo oscuro en la historia del país. Más de 200.000 personas perdieron la vida y unas 20.000 fueron secuestradas. En este caos, la desaparición de Omar se confundió entre las estadísticas de tragedias cotidianas.

Su familia, sin embargo, nunca dejó de buscar respuestas. Con el paso de los años, su madre, hasta su muerte en 2013, mantuvo viva la esperanza de que su hijo regresaría algún día. Este anhelo se convirtió en su último deseo, un ruego persistente a las autoridades para que continuaran la búsqueda.

El último 12 de mayo, después de 27 años de incertidumbre, la increíble verdad salió a la luz. Omar fue encontrado a tan solo 200 metros de su hogar, en un agujero cubierto de heno. Lo secuestraron con 17 y ahora tiene 45.

El responsable de su encierro, un vecino de 61 años identificado como BA, había mantenido a Omar cautivo durante casi tres décadas. Este descubrimiento se produjo gracias a una disputa de herencia que llevó al hermano del captor a revelar el secreto en redes sociales. Las imágenes del rescate mostraban a un Omar visiblemente afectado, con una larga barba y temblando mientras los agentes de seguridad lo sacaban del oscuro calabozo que había sido su prisión.

Omar bin Omran, tras ser rescatado, relató una historia increíble a sus salvadores. Durante los largos años de cautiverio, había tenido momentos en los que podía ver a su familia desde su prisión subterránea, pero nunca pudo pedir ayuda. ¿La razón? Un hechizo, según él, lanzado por su captor para mantenerlo en silencio. Esta declaración, aunque increíble para muchos, resonó profundamente en la cultura local, donde las creencias en la hechicería y los encantamientos aún persisten.