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¿A que conversación le estamos prestando atención?

Por: Málvelin Plasencia

Las redes sociales no solo nos han dado la posibilidad de hablar con libertad, también nos han otorgado el poder de retomar e iniciar conversaciones que cambian la narrativa social de forma abismal.

El 2026 ha estado marcado por tendencias que van desde “los therians”, “farmear aura” hasta “ser flaca es el outfit”; sin embargo, este último
no es un simple tema de moda, es un debate que va mucho más allá de prendas de vestir.

Estamos hablando de arrojar a la basura años de conversaciones para acabar con una teoría conspirativa sobre el valor de la mujer y lo que verdaderamente representa.

La polémica de las relaciones ya no es el 50/50, ahora radica en “dejar al hombre ser hombre”, pero no precisamente en cumplimiento de lo escrito en la biblia que señala al varón como cabeza del hogar o en consonancia del rol edificador que significa este mandamiento para ambos sexos.

Con el paso del tiempo es evidente que las cosas han tomado otro sentido y que hemos tenido que desaprender conversaciones heredadas por tradición, costumbre, crianza y cultura.

¿Y de qué vale desaprender si no estamos edificando nada que sume?

Es verdaderamente satisfactorio todo lo que se ha logrado avanzar; pero no deja de ser preocupante, que en pleno siglo XXI sigamos en una lucha de identidad por los estigmas y la necesidad de pertenencia.

Es alarmante hasta donde somos capaces de llegar por notoriedad y aún más inquietante como usamos el derecho a la libertad de expresión para visibilizar con tanta propiedad cosas tan banales y superficiales.

¿A qué conversación le estamos prestando atención?

¿Que están construyendo nuestras conversaciones o más bien…
están construyendo algo?

¿Qué estamos aportando cuándo abrimos la boca?

¿Qué estamos dejando escrito para la historia?

¿Sobre qué van a dialogar las futuras generaciones?

Por la razón, que es la habilidad que distingue a los seres humanos de los animales, estas son interrogantes que deberíamos hacernos cada vez que alcemos la voz con tanta autoridad.

Usar el sentido común es un deber.

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