Estas siete ciudades, que juntas representan una población de 3,5 millones de habitantes y que están todas gobernadas por coaliciones de izquierdas, se amparan en particular en la posición de las asociaciones ecologistas Bloom y Foodwatch, que desde octubre habían lanzado una alerta por la presencia de cantidades de mercurio.
Lo hicieron después de encargar a un laboratorio un test aleatorio en 148 latas de atún en conserva que mostró que en todas se detectaba mercurio y que en más de la mitad la concentración era superior a los 0,3 miligramos por kilo, que es el límite para otros pescados como las anchoas o el bacalao.
La cuestión es que en el caso del atún, la concentración máxima autorizada por la reglamentación europea es de un miligramo por kilo, pero las asociaciones ecologistas señalan que eso se aplica en el producto fresco, mientras que en conserva eso significa que puede ser de 2,7 miligramos por kilo.
A partir de ahí, los siete ayuntamientos avisan de que no revisarán la prohibición del atún mientras no se reduzca la concentración máxima autorizada de mercurio al nivel de otros pescados, a 0,3 miligramos por kilo.
«Es un peligro inmediato»
Brun recuerda que para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el mercurio es «una de las diez sustancias químicas gravemente preocupantes para la salud» y añade que para los niños «es un peligro inmediato».












